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Un viejo que leía novelas de amor

Posted by bibliopiedras en noviembre 6, 2009


Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo de la Amazonia. En compañía de los indios shuar, ha aprendido a conocer las leyes de la selva y también a respetar a los indígenas y los animales que la pueblan. Luis Sepúlveda (Ovalle, Chile, 1949) nos dibuja una documentada visión de la región amazónica para oponer dos mentalidades:

– La mentalidad del hombre blanco: la del gringo, el blanco o el ecuatoriano que ya está “civilizado”. Su base es el capitalismo y está representado por el buscador de oro o esmeraldas, el explotador de petróleo, los madereros, el gringo que va a cazar por diversión a la selva.  Esclavizados por el trabajo (!!Qué tontos!!, se ríen los indios), por la codicia, por las normas (los impuestos, el matrimonio, la posesión de la tierra), explotan la tierra que habitan sin conocerla y sin respetarla, se envilecen con la bebida, no respetan ni siquiera a los muertos… “Hurgan en el cuerpo de la selva”, destruyendo, rompiendo la intimidad de los indígenas y ejerciendo la violencia.

– La mentalidad del indígena: libres, entre ellos no existe el sentido de posesión (ni de la tierra, ni de la pareja…), aman con libertad, utilizan las drogas pero sólo como parte de un rito controlado, son capaces de determinar o decidir su propia muerte, respetan al enemigo, usan de la naturaleza pero sin esquilmarla…

Frente a esa dicotomía, el protagonista se decanta por la mentalidad indígena aunque, para su propia vergüenza, en ocasiones se comporta como un blanco. Los shuar ya se lo advierten: Antonio José “es como uno de ellos pero no es uno de ellos”.

Con una visión quizá un poco idealizada Sepúlveda escribe una novela inolvidable sobre la codicia y la estupidez y la soberbia del hombre blanco, una novela ecologista, y un canto al valor de la literatura (las novelas de amor) como elemento de evasión ante una realidad vacía.

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En el Taller, la novela, en general, gustó mucho, aunque a algunos no les gustó su maniqueismo y les resultó complicado el lenguaje (el autor usa muchos americanismos). Para apoyar el comentario  se distribuyó también la famosa carta del jefe Seattle al presidente de los EEUU cuando les propusieron comprar sus tierras (podéis leerla aquí).

En la reunión se habló un poco del tema central y dos de los asistentes nos contaron que ellos estuvieron en esa zona de Ecuador que se describe y que la novela les pareció muy realista. Se habló también de la visión que tenemos en la actualidad del indígena americano, de la forma en que ellos están evolucionando (a ellos también les gusta tener un radiocasette, nosotros no vestimos como nuestros abuelos ¿Por qué tienen que seguir ellos yendo desnudos?…) Quizá al final, aunque ahora no los veamos como “salvajes”, sigamos queriendo decidir por ellos… Gustó mucho la pasión del protagonista por las novelas de amor… acabamos hablando (no es la primera vez) de Corín Tellado (todos los caminos llevan a ella 😉 ).

La conversación discurrió esta vez por mil derroteros. La novela no trata en ningún momento de religión, pero ese hecho llevó a hablar del papel de los misioneros en esos lugares. Y hablamos de viajes por el tercer mundo, y de Ecuador, y de si es seguro viajar a ese tipo de países… y de mil cosas… como siempre, de mil cosas 🙂

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PRÓXIMA LECTURA: El maestro de Petersburgo de J.M. Coetzee. 3 de diciembre.

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