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Entrevista al escritor madrileño Pedro de Paz

Posted by bibliopiedras en marzo 15, 2010


La historia del encuentro en Internet con Pedro de Paz ha sido otra de esas historias que van llenando este blog de momentos especiales. Una historia que nos sorprendió y que nos ha encantado. Desde ese mismo instante, Pedro de Paz nos cae bien. Ha sido muy agradable encontrar un escritor dispuesto a ser tan cercano con sus lectores.

Hablamos con él, planteándole también las cuestiones que vosotros mismos habéis dejado en Facebook o en la biblioteca.

P.- Pedro, la figura del escritor todavía impone, está rodeada de un aura de respeto, realmente la gente valora la dificultad del trabajo que realizáis. Nuestros usuarios quieren saber qué hace que una persona decida ser escritor. En tu caso, te dedicaste a la informática durante muchos años ¿Qué te decidió a romper con todo?

R.- Bueno, realmente no conozco el caso de nadie que se haya levantado una mañana y haya dicho «hoy voy a ser escritor» Con esto quiero decir que, como todos los aspectos vocacionales de la vida, algo así no se decide. O se alberga la inquietud por escribir o no. La cuestión es que mucha gente, más de la que suponemos, tiene esa inquietud. Quizá en estado latente, en un recoveco de su memoria, oculta en un deseo de juventud… Y en muchas ocasiones tan sólo hace falta una chispa, un elemento ignitor  que actúe como detonante para concederle prioridad a ese aspecto de tu vida. En mi caso en particular, yo ya había practicado la escritura durante la adolescencia. Pequeños relatos, poemas infames… Lo habitual. Pero en aquella época (hablamos de finales de los ochenta) llegó el boom de la informática doméstica. Manejable, accesible para todos… El Spectrum de 48K, los Commodore… El nuevo fenómeno alcanzó cotas que rozaban el frikismo y yo fui uno de esos frikis. Enterré mi faceta literaria para volcarme en mi nueva pasión. Y terminé por hacer de ello mi profesión. Pero eso supone un serio problema: cuando conviertes tu hobby en tu profesión, terminas por dejar de tener hobby. Yo tardé quince años en darme cuenta de ello. Transcurrido ese tiempo sufrí una «crisis de fe profesional» y decidí que mi vida tenía que tomar un nuevo rumbo, recuperar viejas querencias si quería seguir sintiéndome «persona». Y aquí estamos. Ahora la pregunta del millón es si no terminará ocurriéndome con la literatura lo mismo que en su momento con la informática, pero, por el momento, prefiero no pensar demasiado en ello.

P.- El documento Saldaña es la obra que se incluyó en el Listado de libros más valorados por nuestros usuarios en Octubre. A nuestros socios también les interesa saber cómo se te ocurrió el tema y el argumento de la obra y cómo llevaste a cabo el proceso de documentación.

R.- La génesis de El documento Saldaña es algo atípica. Es una historia que surgió a modo de puzzle. Yo tenía en mente el argumento de dos historias, dos novelas completamente diferentes, y no tenía muy claro cual de las dos me apetecía más escribir. Para ayudarme a tomar la decisión escribí el primer capítulo de cada una de ellas con el ánimo de continuar aquella cuyo tono me atrapara más pero no acababa de decidirme. Y justo en aquel momento llegó hasta mí la referencia de un artículo sobre la historia de un peculiar y legendario tesoro artístico. Entenderás que no sea más explícito, pero no me gustaría desvelar cuestiones importantes de la trama a aquellos que aún no la hayan leído. También, por esas fechas, me llegó una curiosa información sobre una historia relacionada con las entrañas del viejo Madrid. Y un día, cotejando información en mi despacho de trabajo, tenía todos esos elementos que he mencionado sobre la mesa y… fue como un relámpago. Ese día las musas hicieron horas extra conmigo. De repente, todos los elementos encajaron como un guante en una historia que en ese momento se comenzó a gestar en mi cabeza. Los artículos, la referencia del tesoro… Incluso los dos capítulos que te he mencionado (a modo de curiosidad, esos textos son, oportunamente adaptados, el capítulo uno y dos de El documento Saldaña). Y me puse a ello. El resto de la documentación en sí no supuso un grave problema. Además de madrileño de nacimiento soy madrileño por vocación y me apasiona la historia de la ciudad donde nací. Conocía muchos aspectos de la ciudad por mis lecturas habituales. Sólo tuve que ponerlos un poco en orden.

P.- El documento Saldaña puede incluirse dentro del género de novela de aventuras. Una usuaria pregunta si piensas que géneros como el de aventuras o el fantástico están alcanzando la “legitimación” crítica que ya ha conseguido la novela negra, o la ciencia ficción.

R.- Todo texto tiene un lector capaz de disfrutar con él. La relevancia, la trascendencia o la calidad de tal o cual género no son más que modismos aupados y mantenidos por intereses que nada tienen que ver con el placer de la lectura. Por eso, cuestiones como «legitimación», «canonización» o «encumbramiento» son argumentos que me resultan bastante morosos. Dicho esto, sí es cierto que hay ciertos géneros literarios que, reivindicados por sus auténticos valedores, que son los lectores, están comenzando a convertirse en el punto de atención de ciertos estamentos académicos e intelectuales que antes solían denostarlos. Pasó en su momento con la novela negra, que ahora parece haberse convertido en un «género clásico» cuando siempre lo fue, y muy probablemente acabe ocurriendo también con esos otros géneros que mencionas. Y dentro de cincuenta años alguien dirá que ese tipo de textos son basura para volver a ser reivindicados dentro de cien. Al fin y al cabo, este tipo de cuestiones son cíclicas y, repito, poco tienen que ver ni con la calidad intrínseca del texto ni con el placer de su lectura.

P.- Algunos usuarios nos preguntan por tus influencias, nosotros queremos saber de tus gustos como lector. ¿Qué sueles leer? ¿Qué autores te gustan? ¿Tienes alguno como referente? Recomiéndanos algún libro “indispensable”.

R.- Mis influencias más directas se remiten sin duda alguna a la novela negra y policíaca. Mis referencias son bastante usuales a ese respecto: Hammet, Chandler, Spillane, Jim Thompson… en cuanto a novela negra y Conan Doyle, sin duda alguna, respecto al policial clásico. Como lectura indispensable siempre he recomendado el canon Holmesiano. Pero mis preferencias no se limitan a esos géneros. Como autor y como lector, me gustan las historias en las que «pasa algo» y ese «algo» resulta ser emocionante, dinámico, ágil, de contrastes y perspectivas extremas… Disfruto con las novelas de aventuras, de acción, y siempre he afirmado sin ningún tipo de complejo que disfruto horrores leyendo lo que se conoce peyorativamente como «literatura de bestseller». Lo último que he leído han sido las dos últimas entregas del agente Pendergast de Preston & Child y las he disfrutado como un enano. Pero recientemente estoy descubriendo que hay una importante cantera de autores españoles que escriben textos de una calidad más que reseñable. Amén de los tradicionales (Lorenzo Silva —que, por cierto, acaba de lanzar una nueva entrega de Bevilacqua y Chamorro—, Pérez Reverte, Vázquez Figueroa, Gonzalez Ledesma. Andreu Martín, Juan Madrid…), hay autores como Jerónimo Tristante, Carlos Salem —tan delicioso como delirante—, Juan Ramón Biedma, Andrés Pérez Dominguez, David Torres, Félix J. Palma… Nombrarlos a todos sería tarea imposible, pero aconsejo férreamente a los lectores que se olviden un poco de los cantos de sirenas suecos y centren la mirada un poco más en el producto patrio. Se llevarán más de una agradable sorpresa.

P.- ¿Usas o has usado las bibliotecas?

R.- Por supuesto. Resultan una herramienta indispensable. Recientemente estuve en la Biblioteca Nacional para consultar unos textos a los que de otra forma me hubiese resultado muy costoso acceder. Aunque ahora, con la inmediatez que supone el acceso a Internet, la información está más al alcance de la mano que nunca y la función de las bibliotecas ha quedado un poco relegada. Pero ojo, Internet no es la panacea. El libre flujo de información que proporciona la red es, al mismo tiempo, bendición y maldición. Uno puede encontrar por la red información invaluable y mentiras como puños. Hay que manejar los datos obtenidos a través de esa fuente con el cuidado y la asepsia oportuna. Y en muchas ocasiones resulta más que necesario acudir a las fuentes.

P.- No sabemos si conoces la normativa europea que obliga a las bibliotecas a abonar a las entidades de gestión de derechos de autor 20 céntimos por cada libro que se presta. Las bibliotecas no estamos de acuerdo con este gravamen pues repercute en nuestros recursos para adquisiciones que ya son normalmente escasos. Tampoco vemos que prestar libros sea un gran perjuicio para los autores, más bien al contrario, pero nos gustaría saber tu opinión pues quizá la perspectiva de los autores sea distinta a la nuestra.

R.- Estoy al tanto de la normativa, así como de que los 20 céntimos, al contrario de lo que cree mucha gente, no se abonan por cada préstamo de libro sino por cada ejemplar que la biblioteca adquiere para su préstamo. Respeto todas las opiniones a este respecto y entiendo y comprendo la impopularidad de la medida, originada básicamente por la desastrosa forma en la que en este país se gestionan los derechos de autor y la mala imagen generada por dichos gestores. Lo cual no quiere decir que esté en contra de ese concepto. La forma en la que se distribuye, se gestiona y se maneja el fruto del esfuerzo y el trabajo de un autor es muy particular. No conozco ningún otro oficio o profesión en el que, amén de dividir la totalidad del esfuerzo llevado a cabo en pequeñas porciones llamadas «ejemplares» y se te remunere a razón de cada una de ellas, el resultado de ese trabajo pueda prestarse, compartirse y replicarse a voluntad. A mí, como escritor, me encantaría poder cobrar X euros por el resultado de mi trabajo y olvidarme de la cantidad de ejemplares que se venden, regalan, prestan o replican. Pero no puedo. Porque a mí, como autor, me tasan y me remuneran mi trabajo a razón de cada ejemplar. Y creo que resulta fácil de entender que por cada ejemplar que no se abona de una u otra manera —porque se presta, se regala o se descarga de Internet— se está actuando en detrimento de mi trabajo. Situaciones excepcionales suelen requerir de medidas excepcionales. Y tomando como base la peculiaridad del sistema remunerativo del autor, las medidas a aplicar son en muchas ocasiones bastante singulares. Y tan incomprendidas como incomprensibles las más de las veces. El sistema empleado, ¿es justo? Probablemente no. Ni para el lector ni para el autor. ¿Es demasiado injusto? Depende de a quien se le pregunte.

P.- En qué estás trabajando ahora mismo ¿Tienes ya algún proyecto de novela o de relatos?

R.- En la actualidad, estoy trabajando en una novela negra completamente canónica. Probablemente la más negra de las que he escrito hasta ahora. No le falta ninguno de los ingredientes clásicos: tiros, policías, delincuentes, corrupción… Aunque el enfoque es un poco peculiar porque toda la acción transcurre en un mismo lugar. ¿Proyectos futuros? Por desgracia dispongo de más proyectos que de tiempo para acometerlos. Pero entre los más inmediatos figura una novela que recuperará a los personajes de El documento Saldaña que, aunque inicialmente no nació con idea de ser una saga, les he tomado el suficiente cariño como para que vuelvan a aparecer en una nueva aventura. La historia la tengo bastante estructurada. Me falta pulir unos detalles. Muy posiblemente me ponga con ella a partir de este verano.

P.- Has publicado algunos relatos en tu web en formato digital. ¿Cómo ves la irrupción del libro electrónico en el mundo editorial?

R.- Lenta, pero con paso firme y buenas perspectivas. No creo que, ni a corto ni a medio plazo, el libro electrónico vaya a desplazar al libro físico como pronostican los más agoreros, pero quizá permita que la gente se sume a la lectura a través de canales que maneja de forma habitual, pero que nunca se había planteado emplear para tal fin. Conozco a chavales que manifiestan un completo desinterés por la literatura, pero que son capaces de manejar un iPhone o una PDA como si las hubiesen diseñado y fabricado ellos. Si tecnológicamente resulta factible poner un libro a disposición de ese chaval en el medio en el que él se maneja habitualmente, bienvenido sea. Podrá optar por él o no, pero si no dispone de la forma, jamás sabremos si daría el paso. Y todo lo que suponga llegar a más lectores me parece una excelente opción.

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Entradas relacionadas:

La pequeña biblioteca y el escritor

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Para saber más sobre el autor:

PÁGINA WEB de PEDRO DE PAZ

Lee sus relatos:  OCHO VUELTAS DE TUERCA

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